Una reuni贸n inesperada
Al caer la noche, Ian lleg贸 al restaurante seg煤n la direcci贸n de la invitaci贸n y qued贸 at贸nito ante la escena. El restaurante estaba iluminado por la luz parpadeante de las velas, y la decoraci贸n, aunque discreta, era lujosa; todo reflejaba el gusto y el estilo del due帽o.
Fran estaba en la entrada. Al ver a Ian, sonri贸 dulcemente y le tendi贸 la mano.
"Bienvenido, Ian".
Con un dejo de duda, Ian estrech贸 su mano, sintiendo la calidez de su palma. Levant贸 la vista hacia los ojos de Fran, de un negro profundo, pero que irradiaban una atracci贸n indescriptible.
"Gracias por la invitaci贸n", dijo Ian cort茅smente, con su habitual sonrisa c谩lida.
"No es necesario ser tan formal", respondi贸 Fran con voz profunda y tranquila. "Esta reuni贸n es solo el comienzo. Espero que tengamos muchas m谩s oportunidades de conversar".
Ian se sobresalt贸 un poco, pero asinti贸.
"Entonces, aceptar茅 humildemente".
Fran lo condujo al sal贸n de banquetes y se retir贸 para ocuparse de los complicados preparativos.
Al entrar 茅l solo en el sal贸n de banquetes, Ian qued贸 cautivado por la sutil y desconocida escena que se extend铆a ante 茅l. La luz de las velas iluminaba el rostro de cada invitado, como si el tiempo se hubiera detenido. Todo el bullicio se hab铆a desvanecido, dejando solo una tranquilidad indescriptible. El sal贸n no era un banquete bullicioso, sino una reuni贸n cuidadosamente orquestada, donde todos se comportaban con la mayor distinci贸n, un marcado contraste con las actuaciones de Ian en la taberna.
La familia de Fran, sin duda, no pertenec铆a a la aristocracia com煤n. Estas personas exudaban una elegancia discreta, y sus conversaciones estaban impregnadas de un profundo conocimiento y nobleza. Ian pronto not贸 su gusto singular por la m煤sica y la cultura, como si poseyeran un nivel de comprensi贸n superior. No pudo evitar observarlos, lleno de curiosidad.
Guiado por un asistente, Ian lleg贸 al magn铆fico escenario al frente del sal贸n.
Fran ya estaba sentado en el centro de la sala, y la familiar oscuridad en sus ojos a煤n ejerc铆a un atractivo indescriptible. Cuando la mirada de Fran se pos贸 en 茅l, Ian se sinti贸 atra铆do hacia ellos, como por una fuerza poderosa. Dud贸 un instante, luego se puso de pie, sonriendo dulcemente a los invitados.
"Esta noche, les deleitar茅 con una canci贸n", comenz贸 Ian con voz suave y clara.
Tom贸 su arpa, ajust贸 ligeramente las cuerdas con suma delicadeza y empez贸 a tocar. Era una pieza que hab铆a preparado especialmente para la ocasi贸n, una melod铆a antigua y llena de misticismo. La m煤sica, rica en matices emotivos, parec铆a transportar al oyente a una leyenda ancestral. Al llegar a un punto culminante, la m煤sica se volvi贸 repentinamente grave y profunda, como el rugido de un drag贸n lejano, haciendo eco del poema que hab铆a recitado antes en la taberna.
"Esta es la historia del Rey Drag贸n Negro", comenz贸 con voz grave y melodiosa. "Aquel ser que gobierna las llamas y las cenizas, que mora en la tierra bald铆a, y ante quien todas las cosas se postran. Se dice que tiene estrellas en sus ojos y un coraz贸n de fuego ardiendo en su pecho, y que ninguna fuerza puede encadenar su libertad".
Mientras cantaba, la atm贸sfera de la sala pareci贸 espesarse y todas las miradas se clavaron en 茅l. Era un poema tr谩gico sobre el Rey Drag贸n Negro, que describ铆a su poder y su soledad. Al terminar la canci贸n, los dedos de Ian rozaron suavemente las cuerdas, y las notas se desvanecieron en el aire con un final perfecto.
Dej贸 de tocar el arpa, inclin贸 levemente la cabeza y susurr贸:
"Gracias".
Fran, absorto, escuchaba con atenci贸n, con la mirada fija, como si cada palabra resonara en su interior. Cuando Ian termin贸, aplaudi贸 suavemente, con un atisbo de aprobaci贸n en los ojos.
"¡Qu茅 hermosa pieza musical! Es m谩s que un poema, es un viaje del alma". Su tono transmit铆a una profunda emoci贸n, como si comprendiera la canci贸n mejor que nadie.
El coraz贸n de Ian dio un vuelco al o铆r las palabras de Fran. Pod铆a sentir la emoci贸n en sus ojos, una profunda conexi贸n con la m煤sica y la poes铆a. No pudo evitar preguntarse c贸mo era posible que aquel hombre misterioso de tierras extranjeras poseyera una comprensi贸n tan profunda de una m煤sica y un poema como este.
Intercambio Entre Dos Viajeros
Despu茅s de la cena, Ian fue invitado a hablar con Fran. Los dem谩s comensales del sal贸n de banquetes ya se hab铆an marchado, y los dos hombres continuaron su conversaci贸n en una tranquila y elegante sala privada. Fran retir贸 su copa de vino de la mesa y la hizo girar suavemente, como si meditara sobre c贸mo empezar.
"Tu m煤sica y poes铆a me han conmovido profundamente, Ian", dijo Fran con voz tranquila, pero rebosante de sinceridad. "Eres un bardo errante, ¿verdad?".
Ian ri贸 entre dientes y asinti贸.
"S铆, mis viajes me han llevado por casi todo el continente, y la m煤sica y la poes铆a son las 煤nicas fuerzas que me impulsan a seguir adelante".
Fran guard贸 silencio un instante, luego mir贸 por la ventana hacia la luz de la luna. "Yo tambi茅n soy un viajero", dijo, con un tono te帽ido de recuerdos lejanos. "Los distintos caminos siempre conducen a distintas perspectivas, y tambi茅n nos permiten descubrir nuestra voz interior".
El coraz贸n de Ian se estremeci贸 ante esto. Las palabras de Fran ten铆an una profundidad inusual, como si 茅l tambi茅n se hubiera perdido en alg煤n momento. Lo mir贸 fijamente, intentando descifrar aquellos ojos profundos y oscuros.
"¿De d贸nde eres?" pregunt贸 Ian sin poder evitarlo, con un dejo de curiosidad en la voz.
Fran sonri贸 levemente, pero una sutil sombra brill贸 en sus ojos. "Mi historia quiz谩 sea dif铆cil de expresar con palabras sencillas" dijo, "pero tal vez alg煤n d铆a tengamos la oportunidad de compartir m谩s."
Se miraron fijamente un instante, e Ian sinti贸 que una fuerte curiosidad crec铆a en 茅l. No estaba seguro de si deb铆a indagar en el pasado de Fran, pero su intuici贸n le dec铆a que aquel hombre lejano ten铆a una historia muy diferente a la suya.
El conflicto interno de Ian
Esa noche, de vuelta en el hotel, Ian no pod铆a sacarse la reuni贸n de la cabeza. Se sent贸 en el borde de la cama, con una moneda de oro en la mano, absorto en sus pensamientos. El aura tranquila y misteriosa de Fran lo llen贸 de curiosidad y, a la vez, lo hizo sentir cauteloso. Aunque Fran era educado y aparentemente inofensivo, Ian sent铆a una inquietud persistente. Siempre hab铆a evitado las situaciones cargadas de incertidumbre, pero esta vez, parec铆a haber una fuerza que lo atra铆a, impidi茅ndole retirarse f谩cilmente.
Dej贸 suavemente la moneda de oro, cerr贸 los ojos e intent贸 calmarse. Ten铆a la vaga sensaci贸n de que aquel encuentro era obra del destino, un giro inesperado del destino. Pero si se volver铆a a encontrar con Fran en el futuro, o si llegar铆a a conocer su pasado, segu铆a siendo una inc贸gnita.
Ian respir贸 hondo y decidi贸 no indagar en ello. Quiz谩s, se dijo, deber铆a dejarlo ir, como sus viajes anteriores, convirti茅ndose en un recuerdo imborrable. Pero la inquietud persist铆a.

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