El viernes por la noche, los padres de ambas familias quedaron en encontrarse en una famosa finca privada a las afueras.
Lin Qinghuai no estaba nervioso al principio, pero al salir de su habitaci贸n se dio cuenta de que Ji Jianci vest铆a incluso m谩s formal que para ir a trabajar; se pas贸 un buen rato mir谩ndose al espejo antes de salir. Al bajar la vista hacia s铆 mismo, Lin Qinghuai se vio con una sudadera y unos vaqueros, con un aire tan informal que parec铆a un estudiante que sal铆a a comprar comida r谩pida.
Al notar la expresi贸n de Lin Qinghuai, Ji Jianci coment贸:
—Ha bajado la temperatura, vas a tener fr铆o si vas as铆.
Lin Qinghuai aprovech贸 la excusa:
—Entonces ir茅 a cambiarme.
No ten铆a mucha ropa y, tras darles un par de vueltas, se dio cuenta de que no encontraba nada adecuado para una ocasi贸n tan formal. Justo cuando Lin Qinghuai empezaba a agobiarse, llamaron a la puerta.
—¡Ya voy! —exclam贸 茅l.
—No te estoy metiendo prisa —dijo la voz de Ji Jianci desde el otro lado—. Tengo algunas prendas aqu铆; si no sabes qu茅 ponerte, ¿quieras probarte algo?
Lin Qinghuai abri贸 la puerta y asom贸 la cabeza. Ji Jianci le entreg贸 la ropa. Sin cerrar la puerta, Lin Qinghuai entr贸 al vestidor y se prob贸 las prendas frente al espejo. Era una camisa blanca con una ca铆da excelente; con solo sostenerla se notaba que el corte era de alta calidad, aunque ten铆a bastantes cintas largas de seda.
Sin pensarlo mucho, Lin Qinghuai se quit贸 la sudadera. Al hacerlo, la camiseta que llevaba debajo se subi贸 un poco, dejando ver una secci贸n de su cintura delgada y abdomen plano. Ji Jianci solt贸 una tos fuerte y baj贸 la mirada para evitar ver m谩s. Solo cuando Lin Qinghuai termin贸 de cambiarse, volvi贸 a levantar la vista y lo observ贸:
—Te queda muy bien.
—¿En serio? —Lin Qinghuai nunca hab铆a usado ese estilo. Agarr贸 una de las cintas y la agit贸—. Me da miedo terminar estrangul谩ndome sin querer.
—Esa prenda no se usa as铆 —dijo Ji Jianci—. ¿Puedo pasar?
—Pasa, ¿no es tu casa? —Lin Qinghuai se acerc贸 con las cintas colgando.
Ji Jianci tom贸 dos de ellas, las alis贸 y, con sus dedos largos y 谩giles, hizo un lazo perfecto. Lin Qinghuai se qued贸 inm贸vil. Ji Jianci se inclin贸 y, en un momento, transform贸 todas las cintas que colgaban en lazos ordenados antes de retirar las manos con satisfacci贸n. A Lin Qinghuai le dio un tic en la comisura de la boca y, tras un silencio tenso, pregunt贸:
—¿Esto no ser谩 ropa de mujer?
—Es de hombre, un dise帽o de pasarela de esta temporada —respondi贸 Ji Jianci mientras le acomodaba el cuello—. Con raz贸n el departamento de artistas se peleaba por ti; la luces mejor que un modelo.
Las cintas del torso estaban bajo control, pero las de las mu帽ecas segu铆an sueltas. Ji Jianci sac贸 de alg煤n lugar una chaqueta de cuero marr贸n oscuro y se la entreg贸. El estilo rudo de la chaqueta compensaba la suavidad de la camisa y, combinada con los vaqueros claros, el conjunto result贸 ser sorprendentemente armonioso.
Lin Qinghuai se mir贸 en el espejo, asinti贸 satisfecho y le dijo a Ji Jianci:
—Qu茅 estilo tienes, sabes combinar muy bien.
Sin embargo, Ji Jianci no parec铆a conforme. Volvi贸 a su habitaci贸n y, tras un rato de buscar, sali贸 con un mont贸n de joyas met谩licas.
—Joyas no, Director Ji —dijo Lin Qinghuai agitando las manos—. Solo vamos a cenar, no a un desfile.
Ante su rechazo, Ji Jianci no insisti贸.
—Lo dejaremos para otra ocasi贸n entonces.
Por alguna raz贸n, Lin Qinghuai crey贸 detectar una pizca de decepci贸n en su mirada, pero antes de poder analizarlo, Ji Jianci guard贸 las cosas.
—V谩monos.
La finca estaba algo alejada de la ciudad; tardaron casi una hora en llegar y ya hab铆a oscurecido. Ji Jianci dej贸 el coche frente a la entrada del hotel y le entreg贸 una bolsa grande al botones. Lin Qinghuai, que ven铆a pensando en lo tarde que ser铆a el regreso, se dio cuenta de algo cuando vio al botones entregarle las tarjetas de las habitaciones a Ji Jianci.
—¿Vamos a pasar la noche aqu铆?
Ji Jianci se detuvo. —¿Tu padre no te lo dijo?
Lin Qinghuai neg贸 con la cabeza, desconcertado. Ji Jianci frunci贸 el ce帽o, pero recuper贸 la compostura r谩pido.
—Culpa m铆a, no tuve tiempo de avisarte.
—Pero no traje nada.
—No necesitas traer nada —sentenci贸 Ji Jianci.
Llegaron despu茅s de trabajar, as铆 que para cuando entraron, sus padres ya llevaban toda la tarde jugando al mahjong y charlaban animadamente en el reservado. Al entrar uno tras otro, la conversaci贸n ces贸 de inmediato. Al notar que Lin Qinghuai dudaba al caminar, Ji Jianci le tom贸 la mano de forma natural y lo guio hacia adentro.
—Miren eso, ya van de la mano. La relaci贸n avanza r谩pido —fue lo primero que dijo Ji Cheng.
—Hola, t铆o Ji. Hola, t铆a. Soy Lin Qinghuai —salud贸 茅l con una sonrisa.
—¡Ay, hola Qinghuai! Vaya, el chico es a煤n m谩s guapo que en las fotos. Con raz贸n el viejo Lin lo ten铆a tan escondido, como si fuera un tesoro.
Lin Ze, que estaba algo tenso, se relaj贸 al o铆r eso.
—Qu茅 cosas dices. Tu Xiao Ci tambi茅n es un joven muy apuesto.
—Hola, t铆os —salud贸 Ji Jianci a su vez.
—Si茅ntense, si茅ntense. Se ve que se llevan bastante bien.
Lin Qinghuai sonri贸 pero no dijo nada. Ji Jianci, en cambio, respondi贸 con total naturalidad:
—S铆, bastante bien. Nos tratamos como hermanos.
Ante esa frase, la sonrisa de Lin Ze y Song Zhiyuan se congel贸 por un instante antes de volver a la normalidad, pero Ji Jianci capt贸 el gesto.
—¿Qu茅 hermanos ni qu茅 ocho cuartos? Ustedes est谩n encaminados a compartir una vida. Lin Ze y yo somos amigos de hace d茅cadas; si ustedes se llevan bien, nosotros seremos los m谩s felices —dijo Ji Cheng.
—Es cierto —secund贸 Lin Ze—. Qinghuai es un poco callado y le cuesta tomar confianza; Xiao Ci, te pido que seas paciente con 茅l.
—Ji Jianci es varios a帽os mayor que Qinghuai, es su deber cuidarlo bien —a帽adi贸 la madre de Ji.
Ji Jianci asinti贸.
—Pueden estar tranquilos.
—Bueno... hablemos de lo importante —dijo Ji Cheng aclar谩ndose la garganta y mirando a Lin Ze—. Queremos anunciar la noticia del matrimonio lo antes posible, ¿tienen alg煤n inconveniente?
—Yo tambi茅n pensaba consultarte sobre el compromiso. Deber铆amos buscar una fecha adecuada para celebrar la fiesta de compromiso pronto.
Los padres se pusieron de acuerdo de inmediato, charlando con entusiasmo sin preguntar la opini贸n de los protagonistas. Solo Ji Jianci se gir贸 hacia Lin Qinghuai y le susurr贸:
—¿T煤 qu茅 piensas?
Lin Qinghuai, que estaba distra铆do, no lo oy贸 bien.
—¿Eh? ¿Qu茅 dec铆as?
—Te he preguntado qu茅 piensas de esto —repiti贸 Ji Jianci.
Lin Qinghuai neg贸 con la cabeza.
—No tengo objeciones, siempre y cuando no haya ning煤n momento de esos de "pueden besarse".
Ji Cheng solt贸 una carcajada al o铆rlo.
—Muchacho, nadie hace eso en una fiesta de compromiso. Entonces queda decidido; como ustedes est谩n ocupados con el trabajo, nosotros nos encargaremos de los preparativos, ¿de acuerdo, consuegro?
—Perfecto.
Los padres siguieron inmersos en su charla. Lin Qinghuai nunca hab铆a disfrutado de estas reuniones; sol铆a sentirse como un extra帽o y se limitaba a quedarse absorto en sus pensamientos, pero hoy era distinto. Ji Jianci tampoco participaba en la charla de los mayores; acerc贸 su silla a la de Lin Qinghuai hasta que sus brazos quedaron pegados.
Durante la cena, la 煤nica impresi贸n que le qued贸 a Ji Jianci fue que Lin Qinghuai no era cercano a sus padres. Era extra帽o pero evidente; no hab铆a la complicidad t铆pica de una familia. La actitud de Lin Qinghuai era la de un joven educado y obediente frente a un superior o un pariente lejano, pero carec铆a de afecto real. Un hijo 煤nico de esa edad, en una familia normal, suele conservar rasgos infantiles y busca el cari帽o de sus padres por cualquier tonter铆a. Lin Qinghuai no.
Tras a帽os de pr谩ctica, Lin Qinghuai sab铆a c贸mo desconectar sus o铆dos en estas situaciones, pero la voz de Ji Jianci era tan grave que atraves贸 sus defensas sin aviso.
—¿Tienes sue帽o? —le susurr贸 Ji Jianci.
—¿Eh? No.
—Es bastante aburrido, ¿verdad? —dijo Ji Jianci mientras, sin que nadie se diera cuenta, le tomaba la mu帽eca por debajo de la mesa.
Hac铆a calor en el reservado, as铆 que Lin Qinghuai se hab铆a quitado la chaqueta de cuero. Ji Jianci aprovech贸 el momento, sac贸 una pulsera de su bolsillo y se la coloc贸 en la mu帽eca bajo el mantel. Lin Qinghuai se qued贸 mirando su brazo, totalmente at贸nito.

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